Y si el descubrimiento más aterrador de Núremberg no fueron las pruebas de los crímenes nazis, sino las mentes que los orquestaron?
En otoño de 1945, el psiquiatra estadounidense Douglas Kelley entró en la prisión más trascendental de la historia, portando diez tarjetas con manchas de tinta y una pregunta que lo atormentaría el resto de su vida: qué clase de mente produce el Holocausto?
Lo que encontró en esas veintidós celdas destrozó todas sus cómodas suposiciones. Hermann Göring jugaba al ajedrez con un encanto calculado. Rudolf Hess fingía amnesia con una convicción inquietante. Hans Frank lloraba con auténtico remordimiento. Wilhelm Frick firmaba documentos sobre el genocidio con precisión burocrática. Y todos y cada uno de ellos -según cualquier criterio clínico- eran psicológicamente normales.
El hombre que estudió a los monstruos narra la conmovedora y trágica historia del psiquiatra que administró el test de Rorschach a la cúpula nazi, elaboró sus perfiles psicológicos y regresó a casa con una conclusión que el mundo se negaba a escuchar: que los seres humanos comunes, sometidos a determinadas condiciones institucionales e ideológicas, son capaces de una maldad extraordinaria.
La conclusión de Kelley le costó caro, tanto profesional como personalmente, y finalmente, fatal. Pero la historia le dio la razón.
A partir de historiales clínicos, documentación histórica y la rica biografía de una de las figuras más fascinantes y olvidadas del siglo XX, este libro plantea la pregunta que Douglas Kelley nunca dejó de formularse:
Si los artífices del Holocausto no eran monstruos, qué somos nosotros los demás?
Un libro que te atrapará desde la primera página.