Hay cosas que no visitan. Hacen ruta.
Tucumán, 1976. En plena dictadura, un cabo de policía rural entra al monte persiguiendo a un fugitivo del operativo en el ingenio. Lo que encuentra entre los árboles no es político. Y el monte no lo deja volver a contarlo.
Siberia, 1959. Una niña de cinco años sale al patio una noche de marzo y regresa a los tres días, sana, sin un dedo helado. Su familia celebra el milagro. Su abuela deja de guardar pan.
Ciudad de México, 2024. Una taxista nocturna que lleva dieciocho años cargando el descrédito de lo que vio una madrugada en la carretera a Morelia recoge, frente a las torres de Tlatelolco, a un pasajero que sabe demasiado sobre esa noche. Cuando llega al destino, el pasajero ya no está. En el cuero del asiento queda un dibujo que no se borra.
Tres testigos que nunca van a conocerse. Un signo que se repite en cortezas, en cueros y en actas a lo largo de un siglo. Y un legajo de documentos clasificados - una policía de provincia, la KGB, la SIDE, el Santo Oficio, la DIA, el FSB - donde seis burocracias archivaron durante ochenta años, con excelente sintaxis, lo que no supieron leer. Este libro reproduce esos documentos. Léalos fijándose en lo que no contestan.
Una novela de terror cósmico sobre lo que la humanidad lleva un siglo llamando visitantes - y sobre la pregunta que ningún expediente se atrevió a escribir con signos de interrogación: qué hace un órgano cuando descubre que es un órgano.
Para lectores de terror literario y ciencia ficción sobria: la paranoia documental de los expedientes desclasificados, tres voces inolvidables y una arquitectura oculta que premia la relectura. Del autor de AIN SOF: El evangelio del demiurgo que nació hacia atrás.