¿Qué queda de Dios cuando dejamos de imaginarlo a nuestra imagen? Deshumanizando a Dios, no intenta demostrar que Dios existe ni demostrar que no existe. Se propone algo más incómodo: examinar las imágenes, explicaciones y certezas con las que los seres humanos hemos intentado convertir lo desconocido en algo comprensible. A través de un recorrido que comienza en nuestra percepción de la realidad y avanza hacia la ciencia, la fe, la moral, el conocimiento, la libertad y los límites de la razón, el libro cuestiona cuánto de aquello que atribuimos a Dios pertenece realmente a Dios y cuánto pertenece a nosotros.
El problema no es solamente creer. También es creer que sabemos por qué creemos. El miedo, la necesidad de seguridad, la cultura, las instituciones, nuestras experiencias, nuestras expectativas y nuestra propia manera de interpretar el mundo pueden convertirse en filtros que terminamos confundiendo con la realidad. Por eso, deshumanizar a Dios no significa destruirlo, sino retirar de nuestra idea de lo divino aquello que quizá hemos colocado allí nosotros mismos.
Pero cuando las explicaciones fáciles desaparecen, surge una pregunta todavía más profunda: ¿qué queda después? Queda la incertidumbre. Queda nuestra capacidad de preguntar. Queda la experiencia, la conciencia, la moral, la búsqueda de sentido y la necesidad de decidir cómo vivir aun cuando no poseamos respuestas definitivas. Y queda también la posibilidad de que Dios, si existe, sea radicalmente diferente de todo aquello que nuestra mente humana ha sido capaz de imaginar.
Este libro no termina con una respuesta. Termina devolviendo al lector la pregunta. Porque quizá la verdadera transformación no ocurre cuando finalmente descubrimos qué pensar sobre Dios, sino cuando somos capaces de preguntarnos, sin miedo: ¿qué queda después de haber dejado de verlo como nosotros?