Existe una palabra que la lengua no había pronunciado todavía. Ahora existe.
Se llama DIMORANZA: la condición por la cual un lugar continúa habitando a una persona -y a sus hijos, y a los hijos de sus hijos- mucho después de haberlo dejado, más allá del océano y de los siglos.
No es nostalgia. No es el deseo de regresar. Es la fidelidad invisible que une a treinta mil personas dispersas por cinco continentes -de Filadelfia a Melbourne, de Buenos Aires a Londres- a un mismo pueblo de cuatro mil almas en el corazón de Calabria.
Fruto de diez años de investigación, este manifiesto en diez capítulos demuestra una tesis luminosa: los pueblos que se vacían no son periferias que mueren, sino servidores de identidad siempre activos en la vida de millones de descendientes. Quien parte no traiciona: se convierte en embajador.
Con el rigor de Umberto Eco, la claridad civil de Giorgio Bocca y la intimidad narrativa de Gay Talese, Luca Cervadoro da nombre a un sentimiento universal y ofrece una medicina civil para salvar los pueblos de Italia -y del mundo- a través de la memoria colectiva.
Para quien partió. Para quien nunca vino. Para quien busca una palabra que no existía.