La tierra tiembla y la ciudad se abre en silencio.
No solo se agrietan los muros: se cuartea la confianza.
Antonio, maestro de obras, recibe órdenes "razonables" entre polvo y cal. Bandos que prometen seguridad, pero exigen nombres. Casas que deben caer... y otras que se derriban porque conviene. Mientras el miedo se administra con tinta y sello, se entiende que lo más peligroso no es el temblor, sino lo que viene después.
María, del hospital, recorre con él una ciudad antigua que intenta recomponerse a golpes de martillo y obediencia. En medio del derrumbe, cuando todo parece destinado a encajarse por la fuerza, aparece una grieta donde la memoria se resiste a desaparecer.
El aire roto es una novela de tensión contenida, de poder y obediencia. Un relato sobre lo que se rompe cuando el orden se impone sin justicia y sobre lo que aún puede salvarse cuando alguien decide no mirar hacia otro lado.
A veces la verdad no se grita.
Se respira.