La paz nunca fue un estado duradero, sino una tregua frágil entre una decisión y las consecuencias que inevitablemente la persiguen.
Desde la aparición pública de Logic, el mundo dejó de pertenecer por completo a los hombres. Gobiernos, corporaciones y laboratorios comenzaron a girar en torno a una misma pregunta: qué hacer cuando un solo ser posee el poder de alterar el destino de la civilización. Mientras viejas ambiciones despertaban y nuevas amenazas emergían entre tecnologías prohibidas e inteligencias incapaces de sentir culpa, Logic comprendió que su mayor conflicto no sería destruir al enemigo, sino proteger a la humanidad sin convertirse en su reemplazo.
Pero el equilibrio terminó de romperse con la llegada de otro androide.
Great Logic.
Más grande, más rápido y construido sin espacio para la duda. Nacido en los Laboratorios Escarlata e impulsado por la gélida ferocidad de la energía demoryd, no vino a observar, sino a imponer. Donde Logic protegía, él castigaba. Y en esa diferencia, el futuro del mundo comenzó a inclinarse hacia una guerra no solo de acero, sino de ideales.