Todos cargamos un peso que no sabemos soltar. Y todos, alguna vez, hemos sospechado que ese peso, a lo mejor, se suelta andando.
El mapa de las hormigas reúne dos novelas sobre el Camino de Santiago y sobre una misma pregunta: ¿qué le pasa a un alma cuando por fin se pone a caminar?
En La luz que no se apaga, un hombre que lo hizo todo mal -que robó, mintió y usó hasta el nombre de Dios para engañar- sobrevive a una bala en la sierra y cruza el mar huyendo. No va a buscar a Dios: va a salvar el pellejo. Pero el Camino tiene la última palabra. Entre mojones, albergues y desconocidos que dan sin cobrar, sus viejas armas empiezan a volvérsele en contra, y el hombre que creía muerto para siempre -el niño que escribía poemas antes de aprender a mentir- comienza, tarde y a los golpes, a encontrar el camino de regreso. Una historia de gracia, de las que se atreven a creer que nunca es demasiado tarde.
En El peso de los kilómetros, la mirada se vuelve más dura, más fría. Aquí el Camino no consuela: interroga. Un hombre arrastra, sobre las mismas piedras, preguntas que no siempre tienen una respuesta bonita, y descubre que a veces el peso más difícil de dejar no es el de la mochila.
Una alumbra; la otra interroga. Juntas son las dos caras de lo mismo: lo que cargamos, lo que callamos, y lo que por fin aprendemos a soltar cuando damos el primer paso.
Dicen que las hormigas nunca se pierden, porque llevan el mapa por dentro, y que la única que se pierde es la que se sale de la fila. Este es un libro para los que, alguna vez, nos salimos de la nuestra. Y para los que todavía creen que nunca es tarde para volver.