Hay mundos que no te piden permiso para reclamarte.
Bruno Bravura tenía trece años y la certeza absoluta de que no encajaba en ningún sitio. Hasta que cayó inconsciente en un bosque de su pueblo y despertó en uno que no reconocía.
En Elión, la magia no es un don. Es un linaje, una marca, una deuda que se hereda. Y Bruno no debería estar aquí.
Pero San Witerico, la academia más antigua de Elión, ha abierto sus puertas para él. Lo que encuentra dentro no son solo clases de canalización y compañeros con poderes extraordinarios. Son secretos censurados, sellos rotos en cámaras que nadie debería haber abierto, y un nombre que se pronuncia en voz baja incluso entre los más valientes.
Larno.
El Padre de Cenizas.
El que incendió el mundo una vez.
Bruno no busca ser un héroe. Solo quiere entender qué es lo que despertó bajo su piel el día que cruzó al otro lado.
El problema es que lo que despertó también lo está buscando a él.