Poemario entresacado de sentimientos que representan pasiones provenientes de la asadura, el intestino, las tripas, el bofe, las entrañas, los menudos, y poco o nada perteneciente al intelecto, que es tonto y lento. Siente las entrañas y escribe lo que te sale, ¿vale? Nada será malo o, como poco, mejor que meterse por el culo un palo (o una caña, con lo que araña). Sentir es físico; pensar es describir lo que has sentido. En mitad de esa transferencia de efectos, se halla mi poesía: no filtrada aún por mis malditas dendritas que lo empalagan todo, lo pulen y lo hacen lucir sin referir que se cargan gran parte de la viveza, el arrebato, el frenesí y la crudeza de lo animalmente bello.
Palabruelas y rimancas. Versillos y estrófucas; hala, todo a la turmix y a ver qué sale, ¿qué? Pues lo que vale: un librico mu bonico lleno de gracia batracia, tonterías a montones y algunos versos lindos de cojones, no todo iba a ser choteo, guasa y cachondeo, no...
Digo entrañas porque viene de tripas; de ahí saqué algunos versos, los más sentidos, suaves y tersos o asperos como lijas, según los elijas y te toquen la fibra; no la de la caca, sino la del alma.
Hay para todos los gustos; matojos y arbustos, espesura y diablura de palabras que visten a quién las lee sin creer lo que está leyendo, por asombroso, esclerótico, rumboso, dulce o asqueroso.
Es cortito, como los buenos poemarios y los perfúmenes de bote chico; concentrado de rimas primas unas de otras o todas locas, qué más da si lo que lees lo imaginas, te estremece o te da grima, porque lo peor es no sentir, qué te voy a decir...
... yo, que lo he escrito con amor, franqueza y rigor.