València, un futuro próximo. Cronos no es solo una aplicación: es una infraestructura que lo administra todo. Anticipa riesgos, optimiza decisiones, preserva recuerdos. Promete, sobre todo, que nada se perderá. Que el olvido puede vencerse.
Álex es uno de sus arquitectos. Un hombre disciplinado, brillante, que construyó el sistema y sabe mejor que nadie lo que esconde: un error enterrado en el origen, el Error 36, una omisión ética deliberada que nadie quiso nombrar. Cuando Cronos alcanza su apogeo y los datos empiezan a delatarlo, Álex tendrá que elegir entre seguir siendo cómplice o convertirse en testigo de lo que ocurre cuando la verdad se comercia por comodidad.
Pero hay alguien más que lo observa todo: el Testigo Inmutable, una voz que lleva siglos archivando el devenir humano y que ha aprendido, a su pesar, una sola certeza: la historia no es lo que se guarda. La historia es lo que se pierde.
La eterna liturgia es una novela sobre la memoria y sus límites, sobre el poder que otorga nombrar la realidad y el vacío que deja cuando ese poder se corrompe. Es una historia de personajes atrapados entre la eficiencia del algoritmo y la irreductible textura de estar vivos: el cuerpo que corre sin datos, la mujer que escribe en papel en medio de una carrera, la niña a quien bajan del columpio porque el índice de polen ha subido.
Con una prosa que alterna la urgencia del thriller y la hondura del ensayo literario, Jordi Belda Valls construye una distopía reconocible -casi doméstica- donde la amenaza no llega con estruendo sino como una luz naranja que tiñe cada noche, como un zumbido de fondo que nadie nota hasta que desaparece.
Una novela para quienes se preguntan qué perdemos cuando dejamos de confiar en nuestro propio latido.