El umbral de la pregunta
Hay preguntas que no buscan ser resueltas, sino ser habitadas.
Desde que el primer ser humano alzó la vista hacia el firmamento y sintió el peso de su propia finitud, la humanidad ha estado obsesionada con definir a Dios. Hemos llenado bibliotecas, templos y siglos de historia intentando atrapar lo Infinito en un concepto, una regla o un dogma. Hemos querido un Dios que sea un refugio, un juez, un arquitecto o, a veces, una simple excusa para nuestra propia comodidad. Pero, ¿qué ocurre cuando el ruido de las definiciones se apaga? ¿Qué queda cuando el hombre se encuentra a solas con el silencio de su propia existencia?
Este libro no pretende ofrecerte un tratado teológico ni una verdad tallada en piedra que te exima de seguir buscando. Sería una deshonestidad. Las respuestas que se entregan servidas en bandeja rara vez alimentan el hambre del alma; solo sirven para calmar, momentáneamente, nuestra ansiedad por tener el control.
Esta obra es, más bien, un camino. Es la crónica de un viaje que comienza donde todo viaje auténtico debe empezar: en la duda. A través de la historia de Elías y su Maestro, nos adentramos en un valle que, como el nuestro, a veces parece seco, a veces parece injusto y, casi siempre, parece carecer de sentido. Aquí no encontrarás a un Dios que aparece en medio de truenos para explicar por qué el mundo está roto. En cambio, encontrarás a un
Dios que se esconde en el barro del trabajo compartido, en la fragilidad de una canción, en el riesgo de confiar en quien te ha dado la espalda y en la valentía de sostener una pregunta cuando todos alrededor exigen certezas.
A menudo, creemos que la fe es la ausencia de dudas. Este libro nace con la convicción de que es exactamente lo contrario: la fe es la capacidad de caminar a pesar de las dudas, de hacer del "no sé" el primer escalón hacia el "debo hacer".
Si buscas un manual de instrucciones para entender el universo, este libro te decepcionará. Pero si lo que buscas es una invitación a mirar tu propia vida -tus zanjas, tus sequías y tus encuentros- con ojos nuevos; si estás dispuesto a aceptar que la existencia de Dios no es algo que se encuentra en los libros, sino algo que se hace cada vez que decides ser humano en el sentido más profundo de la palabra, entonces, bienvenido.
Has llegado al umbral. No te prometo respuestas fáciles, pero te aseguro algo: al final de este camino, la pregunta "¿Por qué Dios existe?" ya no será una carga sobre tus hombros, sino el latido más vital de tu propia historia.
No leas esto buscando una meta. Léelo caminando.