Algunas islas aparecen en los mapas.
Otras aparecen cuando el corazón ya no sabe hacia dónde mirar.
Mae llega a Skye huyendo del ruido del mundo y de una vida donde ha aprendido a esconder lo que la hace diferente: su capacidad de sentir los sonidos como colores que le atraviesan el cuerpo. Artai, un hombre gallego marcado por antiguas supersticiones y una sensibilidad extraordinaria, escucha la música como formas que se levantan ante él, construyendo refugios invisibles para sobrevivir a la pérdida y a la soledad.
En una isla donde el viento parece conocer los nombres de quienes llegan heridos y donde la tierra aún conserva el aliento de los gigantes que la moldearon, ambos descubrirán que hay encuentros capaces de alterar el curso de una vida entera.
Entre acantilados suspendidos sobre el mar, cocinas donde el té humea despacio, nieblas que esconden besos y paisajes que parecen soñados por dioses antiguos, Mae y Artai aprenderán que amar no consiste en encontrar a alguien perfecto, sino a alguien que comprenda el extraño idioma con el que sentimos el mundo.
Una historia sobre los amores que llegan tarde, pero llegan a tiempo.
Sobre los cuerpos que recuerdan lo que el miedo quiso olvidar.
Sobre la belleza salvaje de ser visto, comprendido y elegido exactamente como uno es.
Porque hay lugares que cambian para siempre a quienes los pisan.
Y hay personas que, una sola vez en la vida, nos enseñan a respirar de nuevo.
Bienvenidos a Skye.
Los gigantes siguen aquí.
Y algunos amores son tan inmensos que dejan huellas en la tierra.