Celebrando el bicentenario de la fiesta nacional, hemos vuelto la mirada hacia los hechos de la caída de la República Federal de Centroamérica y la dolorosa realidad del presente de los cinco estados que la conformaban. La desbandada gradual no terminó con la desaparición del paladín de su unión, la sangre siguió corriendo y la causa por la soberanía se ha visto siempre en precario. Si el 15 de septiembre de 1821 es la fecha simbólica de la independencia de España, o, dicho de otro modo, de la descolonización, el 15 de septiembre de 1842, día del asesinato de Francisco Morazán, es el emblema de la recaída, del retorno al pensamiento supeditado, de la entrega del territorio a la mordedura de las potencias mundiales. Los enemigos de Morazán no comprendieron el papel importantísimo que jugaba la angostura de nuestra geografía en la política del mundo, y creyeron que sus intereses personales y su localismo eran suficientes para controlar los problemas domésticos. Perduran los perjuicios causados por dicha ceguera.