Cuando era un jovencito escuché una narración que se ha quedado grabada en mi mente: "Un granjero, caminando por sus tierras encontró un ave recién nacida y al no ver a la madre por ningún lado, decidió llevarla a su granja y la puso en el corral con sus gallinas. Paso el tiempo y el ave creció mas grande y fuerte que las gallinas, pero se la pasaba comiendo maíz y gusanos que sacaba de la tierra.
Cierto día, un hombre pasó por la granja y vio el ave que estaba junto con las gallinas y se detuvo a hablar con el granjero. Le preguntó por qué tenía esa ave con las gallinas, el granjero le dijo que la había encontrado en su campo. ¿No sabe - le dijo el hombre - que esa es un águila y que no estáhecha para andar en la tierra comiendo maíz y lombrices, sino para volar a grandes alturas?
El hombre le propuso ponerla en libertad, y así tomando a el águila la arrojo hacia el cielo. El águila que no sabia volar, cayó pesadamente, el hombre la volvió a tomar y arrojar hacia arriba, el águila intentó aletear, pero volvió a caer. En el tercer intento, el águila aleteo y comenzó a elevarse, dio tres vueltas alrededor de la granja como diciendo gracias y después se alejó hacia las alturas."
El creyente no ha sido hecho para vivir vida rastrera, sino para volar y elevarse espiritualmente como Isaías nos deja ver: "En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán."