Noah te observa.
No lo escuchas. No lo ves. Pero está allí. Siempre. En los reflejos de los escaparates, en las sombras de los callejones, entre las luces parpadeantes de Las Vegas. Cada paso que das, cada respiración que contienes, podría ser suya.
Hay personas como él en todas partes. Personas que sonríen y mienten, que se esconden detrás de rostros comunes, que saben todo sobre ti... incluso antes de que tú lo sepas. Podrías encontrártelo mañana, o tal vez seas tú.
Cada página te aprieta como un aliento frío. Cada palabra te envuelve, te empuja a preguntarte quién está realmente leyendo, quién está observando, quién mueve los hilos en la oscuridad.
No puedes apartar la mirada. No puedes saber si eres el cazador... o la presa. No puedes saber si sobrevivirás al encuentro con Noah.