En apariencia, todo es sencillo: tensar la cuerda, soltar la flecha. Es la primera oración que nos entrega en su libro Fernando Lobaina y nos sirve para intentar hilvanar -pretensión harto difícil- algunas valoraciones de estos dieciocho relatos que componen Orgullo de isla. Pareciera sencillo discursar sobre cuentos que se leen con la velocidad de esa flecha que enrumba a su objetivo, mas el ejercicio de tensar la cuerda se nos dibuja en la multiplicidad de temas y tratamientos de que se vale el autor, desde la relectura de la leyenda de Guillermo Tell hasta ese bonus que nos recuerda el tema que a manera de regalo se agrega a los fonogramas musicales casi como provocación, pero que obliga al oyente a aguzar el oído en pos de buscar la relación con el resto.
Hay humor en estas páginas, a veces crudo, casi despiadado, pero siempre desde la reflexión, apuntando firme a los comportamientos humanos, a la lucha entre el bien y el mal, a ciertas actitudes que el devenir social acentúa y que muchas veces forman parte de una cultura, de la identidad de cada grupo humano.
Jorge Fernández Era y Laideliz Herrera Laza