En la narrativa de Lara Steele, el deseo es clima: sube, se pega a la piel, y termina por dictar decisiones. Sus historias son sensuales, envolventes, intensas, con personajes que se descubren a sí mismos en el momento exacto en que dejan de fingir. Todo empieza con un detalle mínimo... y termina en una fiebre deliciosa.El siroco cae como una mano caliente sobre la ciudad, y Brigitta, aún húmeda de la ducha, camina con una toalla apenas sujeta, sabiendo que Simona no duerme. Un recuerdo se enciende: el bolso que cayó, las monedas en el suelo, el roce de dos brazos y una mirada que cambió el ritmo de todo. Ahora, el agua aún resbala por su cuerpo, y su propia excitación la traiciona con un escalofrío. Entra en la habitación y se sienta sobre ella con una calma provocadora, como quien reclama lo que ya es suyo.Porque hay amistades que empiezan con una moneda... y terminan con un gemido.